domingo, 19 de abril de 2015

DEBORAH KERR



Fue una actriz distinguida, con una clase y una elegancia innatas. Pese a su aspecto frágil y delicado, Deborah llegó al cine pisando fuerte, como tan sólo las grandes damas de la interpretación saben hacerlo.



Deborah nació en una pequeña población escocesa un 30 de septiembre de 1921. Siempre fue una niña muy tímida, por lo que su tía, que era profesora de actuación, pensó que tal vez mediante la interpretación lograría vencer poco a poco el miedo que tenía de expresarse en público. Le consiguió varios papeles en obras teatrales, que le beneficiaron enormemente, y así fue como empezó tener mayor seguridad en sí misma.



Inició su carrera en Gran Bretaña, debutando de la mano de Gabriel Pascal con el título "Major Bárbara" (1941) alcanzando una notoria popularidad que incremento protagonizando un drama romántico que llevó por nombre "Coronel Blimp" (1943), pero fue con "Narciso Negro" y encarnando a una religiosa cuando consiguió que la crítica de Nueva York se doblegara ante su talento, otorgándole el premio de mejor actriz del año 1947.



Así durante los años 40, logró convertirse en toda una celebridad en el cine británico, y Hollywood ansioso de nuevas estrellas, posó sus ojos sobre esta actriz proveniente de la vieja Europa que, indudablemente, poseía potencial de sobra para brillar en el firmamento de la mayor industria del cine que era América.

Para los americanos fue todo un descubrimiento aunque Deborah ya fuese muy popular en su tierra natal, pero el poder de la industria de cine americana convirtió a esta joven tímida, bella y talentosa, en toda una estrella mundial.

Muchos directores de renombre quisieron trabajar con ella. Aparte de su gran talento interpretativo, tuvo una clase solo comparable a la que tenía  Audrey Hepburn, y esa clase se reflejaba en su paciencia, tolerancia y docilidad a la hora de compartir escena con sus compañeros. Nunca nadie la escuchó una palabra más alta que otra, y cumplía sin reparo y animosamente todas las tareas que le encomendaban, así que todos los que compartieron vida profesional con la actriz, tan sólo pudieron pronunciar elogios hacia su trabajo y su persona.



Una vez contratada por la MGM comienza su trampolín hacia el estrellato con inolvidables títulos. "The Hucksters"(1947) con el gran Clark Gable,"Edward, mi hijo"(1949, junto a Spencer Tracy, "Las minas del Rey Salomón"(1950) con Stewart Granger y Richard Carlson, o la célebre superproducción "Quo Vadis" (1951) compartiendo cartel con el guapísimo Robert Taylor.


No obstante Deborah no estaba muy convencida de los papeles que se le asignaban, pues pensaba que podían encasillarla en un estereotipo de mujer, del que seguramente después le sería muy difícil librarse, y fue así como aceptó trabajar para Columbia con la película “De aquí a la Eternidad” teniendo como pareja masculina al varonil Burt Lancaster.

Cabe detenerse un poco en esta gran película, que fue la que cambió el concepto que mucha gente tenía sobre Deborah. Con esta interpretación la actriz consiguió desligarse completamente del rol de mujer ñoña y virginal , para interpretar a una mujer pasional libre e independiente: protagonizó una de las escenas más eróticas de la época junto a Burt Lancaster , escena que rozó incluso el escándalo en una sociedad tan puritana como la de entonces.



A partir de este momento, que la consagra definitivamente en el cine, Deborah comienza a manifestar un gran talento para el drama, y para interpretaciones de una gran dificultad psicológica
.

Interpreta películas inolvidables en los años 50 como la protagonizada junto al gran Marlo Brando "Julio Cesar", "Vivir un gran amor ", "El rey y yo" junto al genuino Yul Brynner , “Te y simpatía” una comedia sobre la alta sociedad que anteriormente se había interpretado en teatro, o "Solo Dios lo sabe" , bajo la dirección de John Huston y al lado de Robert Mitchum .Esta última fue una película que recibió muchos galardones, entre ellos la nominación a mejor actriz para Deborah, nominación a mejor guión adaptado y el Premio Círculo de críticos de cine de Nueva York. Tanto la interpretación de Deborah como la de Mitchum son las mejores, bajo el punto de vista de algunos críticos, de sus carreras.







En 1957 y ya contando con un currículum profesional lleno de éxitos interpreta, junto al maravilloso Cary Grant, una de las historias de amor más bonitas que se filmaran nunca "Tu y Yo"




Termina el decenio de los años 50 con películas tan relevantes como "Mesas separadas", "Buenos días tristeza" y la excelente "Días sin vida".




Con todos estos maravillosos títulos y sus inmejorables interpretaciones los críticos parece que no se daban por enterados, y aunque fue nominada 6 veces a los Oscar, nunca le fue concedido en su momento. Esperaron a que fuera una anciana para hacerlo…..¡que injusto es a veces este mundo del celuloide!

Los años 60 interpretó muy buenos títulos como "Tres vidas errantes" de nuevo con Robert Mitchum," Página en blanco" con actores de una talla soberbia como Jean Simmons y Cary Grant, y la terrorífica “Otra vuelta de tuerca” la mejor adaptación hecha hasta nuestros días en el cine de la novela de Henry James.

En el año 1964 protagoniza “La noche de la Iguana” dirigida por John Huston, y con compañeros de reparto como Richard Burton y Ava Gardner. Ambas ya, Deborah y Ava, se encontraban en plena madurez de su belleza,  y no ofrecieron unas  interpretaciones memorables en el contexto de una atmósfera sofocante y opresiva que Huston supo transmitir genialmente.



En 1969 con su última película "El compromiso", se retira del cine, apareciendo en los años 80 en la serie de la televisión británica "Reunión en Fairborough"de nuevo, y por última vez, junto a Robert Mitchum.

En 1994 se le concedió un Oscar Honorífico por su larga, disciplinada y magnífica carrera (tardaron bastantes años en darse cuenta de ello), y 10 años después , un 16 de Octubre, nos dejó para siempre.
Elegancia, clase, distinción…. una actriz soberbia, de las mejores que nos dejo el cine de siempre, el buen cine.



sábado, 21 de febrero de 2015

NIEBLA EN EL ALMA





Unos años antes de que la estrella de las estrellas aniquilara a Norma Jean, la ya bautizada como Marilyn Monroe, demostró, encarnando el complejo personaje de Nell Forbes en la película "Niebla en el alma" (1952), que se desenvolvía notablemente en el género dramático.

Marilyn no titubeó ni un instante a la hora de dar lo mejor de sí misma encarnando al personaje de una niñera de mente perturbada, debido a un trágico pasado, y  presente angustioso.

Sin embargo, a poco que se conozca la posterior trayectoria de la actriz, se puede comprobar que el famoso Star System, ya parecía tener pensado para la joven otro rol mucho más llamativo.


Y la prueba está en que tan sólo un año después la lanzarían al estrellato mediante el slogan: "Las dos maravillas del mundo: las cataratas del Niágara, y Marilyn Monroe". Eso es lo que la industria quería de ella ni más menos. Poco importaba su talento con ese físico. Marilyn no debía esforzarse mucho para volver loco al público masculino..y eso era lo que realmente convenía en aquella época en la que el mito de "Gilda" comenzaba a ser olvidado , y estaban faltos de símbolos sexuales que atrajeran a las masas.




"Niebla en el alma", no fue rodada con grandes pretensiones, aunque en ella apareciera un ya reconocido Richard Widmark, que en realidad pretendía ser el gancho del film, una jovencísima Anne Brancoft, y una Marilyn que dos años antes ya había trabajado para el gran John Huston en "La jungla del asfalto" con un pequeño, pero lucido, papel que la dio a conocer de manera algo más formal en el mundo del cine.

Lo cierto es que el guión de la película no es nada extraordinario, el metraje dura 70 minutos y son bastante predecibles los acontecimientos que se irán sucediendo, pero el film está bien narrado, y el carisma de los actores, el secundario Elisha Cook aparece fantástico, la engrandece, logrando salvar así, una película que podría haber caído en el más absoluto de los olvidos.






En la actualidad , tantos años después de la muerte del mayor mito que creara el cine, esta película que podría parecer pequeña e insignificante, comparada con las que realmente la lanzaron al estrellato, es la mejor prueba de que tras esa apariencia frívola, que nos quisieron vender, existía una actriz emotiva, convincente, y con la misma capacidad innata para el drama que para la comedia, en la que también se desenvolvió de maravilla, pero que en cierta manera fue la causante de su encasillamiento, y de sus constantes reivindicaciones para encarnar personajes más dramáticos.

Muchos atribuyen su notable actuación al temible espectro de la locura, que siempre la persiguió en su vida real, pero si en verdad este fuera el caso, más grande aún sería el reconocimiento hacia esta actriz que luchó durante toda su vida, para lograr, más que el estrellato, el respeto hacia su trabajo como actriz.



El infortunio de este trágico, despedazado y, en cierto modo, conmovedor personaje que encarnó Marilyn en "Niebla en el alma", no fue sino un reflejo de la desesperada, inestable y desgraciada existencia que la mítica actriz vivió en su intimidad, desde su más tierna infancia. 





Si quieren disfrutar de una Marilyn muy lejana de aquella provocativa y malvada mujer de "Niágara", o de aquella rubia que cantaba entusiasmada que los mejores amigos de una chica son los diamantes, no dejen de visionar esta película, en la que se sorprenderán al ver a una actriz diferente y emotiva, y en la comprobarán que tras aquella máscara de ojos entrecerrados y labios rojos y sensuales que la lanzara al estrellato, se encontraba una actriz de enorme sensibilidad, a la que nunca permitieron despojarse del disfraz que tan famosa la hiciera.

jueves, 5 de febrero de 2015

Divas que me hicieron soñar









Esta admiración mía por las Divas del cine clásico se remonta a los años, más lejanos de lo que una querría, de mi infancia.
Mi interés por estas mujeres que brillaban en las televisiones en blanco y negro de la época, sólo puede atribuirse a la magia de aquél cine glamuroso, repleto de sofisticadas intérpretes, y a mi precoz coquetería.

Divas y películas en las que no hacia falta color. Bastaba con los contrastes de luces y sombras, para darle la intensidad y fascinación necesarias como para captar mi atención. Ya se encargaba del resto, la imaginación de una pequeña niña que transformaba la pantalla, en un mundo repleto de los colores más brillantes que uno pueda imaginar: la magia del cine, y la fantasía de una mente que prácticamente acababa de nacer, pueden obrar milagros.

Pero en realidad el culmen de mi interés llegó con Rita. Bueno, en realidad la "culpa" la tuvo Gilda. Esa mujer a la que imaginaba pelirroja, no me equivoqué en absoluto, vestida con ese traje de raso negro y guantes hasta los codos, fue la que me descubrió el fantástico mundo del cine.

Hipnotizada ante la belleza y la feminidad de esa mujer, de bien pequeña yo también era ya muy femenina, que se contoneaba mientras cantaba una de las canciones más pegadizas y míticas de toda la historia del cine.











Recuerdo que proyectaron un ciclo de películas de Rita Hayworth, y me hicieron la niña más feliz del mundo. Pasaba horas delante del espejo imitando a Rita: con eso me entretenía. Y es que nunca hubo una mujer como Gilda!

Ella me abrió las puertas del cine..después mis ansias de conocer más, me llevaron a prácticamente devorar, todas las películas que programaban en aquella única televisión de antaño. 

Así fui descubriendo a Marlene Dietrich, a Greta Garbo, a Bette Davis , a Ginger Rogers, a Joan Crawford a Gene Tierney, o Carole Lombard....que aunque me resultaban también muy atrayentes, nunca llegaron a hacerme sentir la pasión que una vez sentí por Rita.

Faltaba entonces algún tiempo, para conocer a otra de las actrices que causaría la misma fascinación en mi persona que un día causara Rita, sólo que esta vez era rubia y se llamaba Marilyn.

No es el tipo de admiración que sientes ante una excelente actriz como puede ser Bette Davis, es una seducción diferente.

Apareció Monroe y con ella más ansias de aprender sobre cine. Con Marilyn no hubo imitaciones ante el espejo, pero debo confesar que me dejaba con la boca abierta, cada vez que la veía aparecer en pantalla. Además casi ni tuve que imaginar, ya que el cine entonces brindaba la posibilidad de ver la hermosura de la Diva con los colores más intensos que jamás tuvo el cine.

Esa belleza explosiva, de andares provocativos, sensual, graciosa y de rostro aniñado llegó a  enamorarme en todas las ocasiones, y a conmoverme en otras de igual manera. No importa que en "Niágara" hiciese de mala: ese candor que irradiaba traspasaba la pantalla.

Su última película la devolvió al blanco y negro, fue como una premonición de su vida. Un ciclo que empieza en negro y acaba con el mismo color. Un ciclo que termina sin ese colorido explosivo que la mostró en su máximo esplendor, pero también una etapa en la que no necesitó ayuda ni florituras coloristas de los alegres tintes del Technicolor, para mostrar su mejor cara interpretativa. 



















Punto y final. Llega la madurez y con ella la cruda realidad. Biografías, documentales, novelas que muestran, de manera descarnada, la verdadera vida de estas mujeres que tanto me hicieron soñar. !!No podía ser!!.... A mis 16 años acumulaba biografías y revistas que me dejaban apesadumbrada por su impactante manera de narrar la realidad de estas Divas a las que, en mi inocencia, imaginaba perennemente felices y bellas.

Lo que en su época me produjo un impacto emocional brutal, debido a mi corta edad, en la actualidad las ha terminado acercando, aún más, a mi corazón. Las he humanizado, y eso les otorga, ante mi mirada subjetiva, otro concepto mucho más importante que el de estrella de Hollywood, y que no es otro que el de mujeres de carne y hueso: con sus inquietudes, sus ilusiones, y sus desgracias. Muchas fueron las que dejaron la vida, y quizá muchos de sus sueños, en ello, pero aquí estaremos siempre su público para agradecerles todos los maravillosos momentos que nos hicieron vivir y sentir. Y ellas se han convertido, como diría mi querido Terenci Moix, en "Mis Inmortales del Cine"

lunes, 26 de enero de 2015

25 AÑOS SIN AVA GARDNER




Vine a este mundo a las diez de la noche y, a menudo, pienso que tal vez por eso me convertí en un ave nocturna. Cuando se pone el sol, me siento más despierta. Se necesita talento para vivir de noche y esa es la única habilidad que siempre he estado convencida de poseer

Nunca fui uno de aquellos bebedores silenciosos, que beben día y noche sin parar. Me encantaban las fiestas y trasnochar. Cuando bebía, era sólo por el efecto. Con todas las copas que he tomado, no recuerdo haber disfrutado de ninguna. El único motivo por el que bebía era para superar mi timidez, también sobre el amor dicen que todo lo cura y no es cierto. Si quieres que el matrimonio funcione, necesitas tener algo más en común. Me casé con tres hombres atractivos, de mucho talento, que sabían fascinar a las damas. Supongo que ellos podrían decir lo mismo de mí. Pero teniendo en cuenta que entre mis tres maridos han reunido una colección de veinte esposas, no creo todo fuera culpa mía ".


Nadie podía manejar a Ava. Sinatra, el pobre desgraciado, no tenía ni la más mínima posibilidad, la amaba demasiado. Se mostró demasiado posesivo y ese fue el problema: nadie podía poseer a Ava
















La idea de la muerte ha sido una constante en mi vida. No por miedo a ella, sino por temor a morir sola.